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lunes, 24 de julio de 2017

La vida es corta



Hoy me he despertado con ganas de decirte una cosa:

que las arrugas florecen como los tulipanes, 
que el tiempo va un pie por delante 
y que los relojes no se detienen, 
que no quieren pararse.

¿Quieres un consejo? Vive. Sin complejos, sin ataduras.

Cuando una puerta se cierra las ventanas se abren. Y aunque no lo creas, estás rodeado de oportunidades que nunca aprovecharás. Porque nos pasamos una vida entera preocupándonos por el ‘y si’, por el qué dirán, y al final perdemos el tren, como casi siempre haces tú.

Importan más las apariencias que la felicidad, el qué es lo correcto o qué no frente a las ganas de hacer lo que queramos. 

Así que vive, 
que nada es fácil, 
y nadie dijo que fuera a serlo.

Pero qué más da, importa lo de dentro, la mente fría y las ganas de revolucionar la primavera. 
La vida es corta, breve, se te escapa de las manos cuando cierras los ojos, así que lucha por lo que te hace feliz, por aquello que te revuelve el estómago.

Corre detrás de él, o de ella, besa lento, folla suave, con ganas, baila sobre los charcos y desafía a la luna y a la lluvia.

Ya sabes que los cobardes no me gustan, 
ni la gente negativa, 
así que sé fuerte, y ríe sin saber por qué, que no tengas que tener un motivo para sonreír al despertar, que al final estamos aquí de paso.

Aprovecha cada gota, cada cosquilla, cada viaje y cada nueva persona que aparecerá en tu vida, 
para que cuando seas viejo solo puedas decir ‘no me arrepiento de nada’

Porque no quiero a gente que cuente historias, 
quiero a gente que las viva. 

Así que vive, 
despacio, 
fuerte,  
de verdad.

Y sobre todo un consejo: vive por y para ti


Por derechos de autor, para la difusión de este texto es obligatorio poner la autoría. Autora: Irene Jotadé.






lunes, 10 de julio de 2017

No eres para mí, ni yo para ti



Las tormentas ya me avisaron, que ni tus yemas delos dedos me acariciarían en verano.

Yo, mientras tanto, viví de un  sueño, de retenerte en mi habitación y esposarte a mi espalda.

Ya me advirtieron que no me mirarías como a ella, 
ni de reojo, 
que de tu boca no saldría, 
ni un te quiero, 
ni siquiera un ‘te echo de menos’.

Porque sí, porque no eres para mí,
porque soy adicta a los imposibles menos cuando te dan la espalda,
menos cuando apuñalan el corazón y desangran mis entrañas.

No soy para ti, lo supe cuando te vi con ella de la mano desde mi ventana, yo alimentándome de esperanzas hechas añicos y tu besando otras bocas.

Soy adicta a lo difícil, a pensar que podíamos ser ese nosotros que desde pequeña apunté en un diario extraviado, me vicié a tus mejillas el día que te cruzaste por mi camino, sin saber, que bajo esa camisa se escondía un amor que no era para mí.

Viviendo de burbujas que estallaron al verte pasar,
ni si quiera fuimos ni seremos ese cuento breve que estaría dispuesta a leer mil veces más.

Nada,
Nunca.

Los amores imposibles se aferran al recuerdo, te dan las buenas noches y cuando despiertas ya no están. 

Lo mismo ocurrió contigo, sin quererlo me vicié a ti desde el balcón, y qué bonitas vistas.

Y sí, llegó el día en que supe que lo nuestro no podía ser, pero no puedo evitar imaginarnos.


De amores imposibles se construye el mundo,
 y también mi corazón, 
ese que susurra en sueños tu nombre,
tu apellido 

Por derechos de autor, para la difusión de este texto es obligatorio poner la autoría. Autora: Irene Jotadé.



domingo, 25 de junio de 2017

A ti, que ya no estás (Carta a un ex)



No nos hace falta contar los segundos que han pasado, las risas que nos separan o las personas que nos distancian.

No lo necesito.

Fuiste pieza de mi puzzle, que ya no encaja ni a presión, que vive de sueños que ya no coinciden con los míos.

Gracias por haberme enseñado a llorar bien, fuerte, por haber bombardeado a besos mis entrañas.

Gracias por hacer que sintiera amor, ese algo que gente como tú temió alguna vez pero que  a mí me encanta.

Tú, mi travesura realizada preferida, has conseguido que aprenda a golpes, a palabras y sin libros, viéndote tartamudear, mentir, llorar o gritar.

Así, sin magia ni trucos te fuiste, o me marché yo. De aquello que construimos solo quedan los huesos y hoy somos dos extraños que no tienen el valor de mirarse a la cara.

Te odié más de una vez, otras veces pedí que volvieras arrepentido, ahora solo sonrío cuando alguien se llama como tú, después se me hace una bola en el estómago y de nuevo vivo.

Porque el tiempo pasa, las heridas cicatrizan y yo crezco, no a tu lado.

Tú, mi travesura realizada, me gusta llamarte así.

Hoy brillo más que nunca, tal vez me hiciste daño, o yo a ti, aprendí a querer sin barreras, a amar a fuego lento y a retener tu olor en mi cerebro antes de verte marchar.

Hoy te doy las gracias por haberme mostrado otro mundo que no es ni blanco ni gris, que tiene el color de tus mejillas y que, aunque ya no estés, sé que todo sigue igual.

Gracias por haberme hecho la persona que soy hoy,
y no,
no te odio, 
tampoco te tengo rencor.

Porque al fin y al cabo, al igual que alguien se enamora locamente de una persona, también tiene derecho a desenamorarse.

Sin embargo, también vengo a advertirte, que el día que me olvides por completo apareceré de nuevo en tu cabeza, porque a diferencia de ti, soy así, yo no duelo, yo marco, me quedo tatuada en tu piel y estómago y me esposas a tu pecho, queriendo o sin querer.

Simplemente gracias por todo, a ti,  Travesura realizada.

Por derechos de autor, para la difusión de este texto es obligatorio poner la autoría. Autora: Irene Jotadé.



lunes, 19 de junio de 2017

La amistad se mide en sonrisas

Por derechos de autor, para la difusión de este texto es obligatorio poner la autoría. Autora: Irene Jotadé.


Llegaste a mi vida sin saberlo, sin ningún motivo, puede que lo recuerde o simplemente pasó sin más.

El tiempo puso a todo el mundo en su lugar, y tú, decidiste hacerme cosquillas desde el otro lado del sofá, decidiste quedarte a mi lado, y yo al tuyo, multiplicando por tres las alegrías y dividiendo los malos tragos por la mitad.

Hoy, un día cualquiera, un lunes cualquiera. Recuerdas quiénes se aferraron a ti y no te sueltan ni a patadas, y también los que decidieron saltarse el semáforo y mirar para otro lado.

Hay tres cosas esenciales para que se pueda sobrevivir: la comida, el agua y los verdaderos amigos.
No se necesita nada más, tan solo una mano abrazándote en los días malos, sonrisas sin saber por qué, saltar sobre la cama o una batalla de risas improvisada en mitad de la calle.

Te aseguro que una verdadera amistad es capaz de romper puentes, complejos y vencer al miedo.
El aroma que desprende hace que te revoluciones, que saltes en paracaídas, que viajes, que vivas de verdad.

Es el ingrediente secreto de una fórmula que ni siquiera yo, rodeada de vivos vivientes, soy capaz de resolver.

Se puede vivir sin muchas cosas pero no sin el amor a un amigo, porque también se ama a los amigos, porque también se llora por ellos, se ríe gracias a ellos.

Huelen a playa y tierra, a fiesta, a cuchicheos y a resacas de domingo, saben a adrenalina y se pueden tocar.

También hay gente que juró un para siempre y hoy no está, o yo no la veo. Sin embargo, sonrío y brindo por aquellos  que aprecio, y aunque algunos sean de no hace mucho tiempo, sé que seguirán ahí, a lo largo del camino.

Seguramente te salten las lágrimas porque aquí y ahora cuando te das cuenta de que la amistad no se mide por el número de saludos que das, sino por el número de sonrisas que te pueden sacar al día.

Porque hasta los lunes pueden ser buenos si te rodeas de aquellos que te hacen sentir vivo.

Por derechos de autor, para la difusión de este texto es obligatorio poner la autoría. Autora: Irene Jotadé.