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domingo, 7 de enero de 2018

Seamos más que amigos



Sí quiero.
Quiero ser más que tu amiga,
quiero ser tus lunes,
tus domingos en la cama y tus miércoles a medio hacer.
Quiero ir más allá, robarte las lágrimas y prestarte una sonrisa
o todas las que hagan falta.
Del amor al odio hay un paso,
y de la amistad al amor un vacío interminable del que me he hecho adicta.
Por ello quería decirte que quiero ser más que tu amiga.
Que no dejemos atrás las risas, los ‘porqués’, las ganas ni la inocencia,
pero que a cambio de palomitas en el cine, me comas por dentro y por fuera.

Quiero ser esas madrugadas en las que pasa de todo,
que la Luna se ponga celosa y que la mañana se nos haga corta.

Quiero ser más que tu amiga, no por nada, sino porque me sabe a poco,
necesito tu cariño, un 'más que amigos' un 'a por todas' que yo invito a esta ronda.

Ser adictos a los saltos libres, a lanzarse sin motivos y a escalar cuando haga falta.

Y no, no quiero conformarme.
No quiero que me hables para ver qué tal me ha ido el día,
quiero que seas mi día.
No quiero acompañarte, quiero ser más que tu compañía.

No quiero quedarme con las ganas de mirarte a los ojos y decirte que me gustas,
que te quiero, que quiero estar contigo.

Intentarlo por las buenas, que sea lo que sea, pero que 'sea' al fin y al cabo.

Seamos más que amigos...no voy a forzarte, jamás lo haría,
solo te digo que nuestras piezas encajan en este inmenso puzle
y que tengo ganas de demostrarte que esta 'amiga' tiene mu hi que darte.

Así que si tú quieres,
si alguna vez se te ha pasado por la cabeza eso de quererme un poquito más,
si estás dispuesto a luchar por este nosequé sin nombre,
Seamos más que amigos, que no soporto más la angustia de verte y no poderte besar.




Irene Jotadé


lunes, 25 de diciembre de 2017

Querido 2018


Hola 2018, debería empezar a presentarme. Soy esa persona que te espera, que te ha dejado hueco en la cama para que la sorprendas cada noche.
Verás, te voy a ser sincera. Este año he vivido mucho, he vivido de verdad, me he dejado la piel con los que han merecido la pena y he dicho adiós a aquellas que se marcharon. Me he desgastado el corazón, y el estómago de tanto reír.
Los miedos a veces me visitaron de madrugada pero he aprendido a encerrarlos. He viajado, he conocido lugares que enamoran, he fallado, la he cagado 2017 veces por decir un número, porque ya he perdido la cuenta.
He aprendido, o eso creo, y si no lo he hecho ya lo haré en el futuro.
Querido 2018 quería pedirte algo. Sé que aún no has comenzado, sé que no me conoces, sé que llegarás entre sonrisas, música, campanadas y copas de más.
Sé que serás testigo de los primeros bailes y las palabras sinceras a medianoche.
Presenciaras la primera resaca, los regalos, los te quiero y las ganas. Por ello, quería pedirte que me trates bien, que sí, que venga lo que tenga que venir, que pase lo que tenga que pasar,
pero que seas bueno, que las lágrimas no superen a la risa, que me veas luchar y triunfar y que me regales la vida.
Quiero que este año sea un cuento con final feliz, con obstáculos, batallas a capa y espada, versos, amor, amistad, salud...lo que se pide siempre.
Pedo además por pedir te pido que cuides de los míos, que improvises, que si tengo que gritar lo hare, que si he de dejarme la piel seré la primera en hacerlo....
Querido 2018 ¿Sabes qué? No estaba deseando tu llegada, no por nada, sino porque cuando vienes significa que el tiempo pasa, que Peter Pan no existe y que se cierra una nueva etapa aunque no lo parezca. Ya sabes el miedo que dan los cambios y más cuando no sabes lo que te deparará.
El futuro está en tus manos, y en las mías, así que prométeme que serás bueno, que serás profesor, salvavidas, hogar, medicina y droga, que quiero que cuando llegue tu último segundo mi yo más sincero suplique que te quedes...
Pero ya sabemos que no todo es para siempre, así que por favor, querido 2018, haz que dure, haz que sienta, haz que viva sin prisas....

Sorpréndeme, y no me falles, que tengo 2018 razones para ser feliz 

domingo, 17 de diciembre de 2017

Éramos tú y yo. El mundo nos sobraba. (Texto: Jurista89 / 2º Ganadora Concurso Texto Propio)

El sexo es de las pieles, el roce, el sudor…
Es de la respiración. Que se acelera, entrecorta, que se ahoga.
Es del aliento  del suspiro, del gemido que dejas escapar en el oído.
Del deseo en la mirada. Del suplicar más, agarrar con fuerza, de ser uno en el cuerpo de dos.
Éramos tú y yo. El mundo nos sobraba.
Y te echo de menos. Podría gritarlo más, dejarme los pulmones en el intento, desgarrarme la garganta. Sufrirlo. No me importa.
La verdad que no me abandona es que te echo de menos. Que comencé a hacerlo en el último beso, es curioso que nunca sabemos que lo es hasta que es demasiado tarde y no podemos volver atrás en el tiempo.
Tiempo joder, me faltó tiempo para quererte, tiempo de tenernos. Parece tan insignificante que no apreciamos la importancia que tiene.
El tiempo que se pierde y no vuelve como vuelven mis ganas al evocar tu recuerdo. Que si cierro los ojos nos veo a los dos en aquel primer momento; tú apoyado en el coche, yo tratando de no caerme con los tacones. Y así transcurrió lo nuestro tú apoyado viendo pasar yo tambaleante tratando de no caer.
Y perdona que no te mire pero tienes los ojos impregnados de alcohol y la herida aun está abierta y duele.
Que si tú me miras el alma desgarra.
Abriré la botella para beberme hasta el fondo y encontrar el “te quiero” que callé entre caladas y que como la nicotina se me pegó al pecho para terminar vomitando en medio de la resaca todos tus recuerdos.

Tal vez volvamos a vernos (Texto: Sirene / 1º Ganadora Concurso Textos Propios)

¿Quién sabe? Tal vez volvamos a vernos. Tal vez en un tiempo estemos a prueba de miedos. 
Tal vez en algún momento estemos a prueba de orgullo y ego. Tal vez entonces, y sólo entonces, estemos preparados para querernos bien. 

Y en ese mejor de los casos, tal vez el destino se compadezca de nosotros y nos sitúe de nuevo en el punto de partida del tablero. Maldito juego. 

Y maldita la casilla en la que coincidí contigo. Tal vez la vida nos otorgue el privilegio de que una casualidad nos guíe hacia la misma calle, a la misma hora del mismo día y de la misma ciudad, produciendo en ese caso un terremoto con magnitud 10 en la escala de Richter. 

Tras este temblor momentáneo que se produciría al encontrarnos a escasos centímetros de distancia, volveríamos a sentir poco a poco el suelo firme bajo nuestros pies y volveríamos a notar la presencia de gente en las calles, totalmente ajenos a este desastre natural. Iríamos a tomar un café al sitio donde solíamos ir tantas veces cuando éramos uno. 

Hablaríamos de todo lo que nos habríamos perdido durante el tiempo de ausencia, reiríamos, y sin duda alguna, nos encargaríamos personalmente de maquillar nuestra vida con supuestos éxitos y de fardar de una felicidad inestable y falsa que, créeme, se encontraría muy lejos del tipo de alegría que experimenté siendo tuya. 

Seguiríamos bebiendo nuestro café, 
a sorbos pequeños, intentando hacerlo infinito. 

Volvería a sentir tu presencia imparable como fuego incendiándolo todo a su paso, 
encendiendo de nuevo partes de mí que fueron víctimas de la hibernación que causaste la noche que te fuiste. 

Pero tarde o temprano, el café se acabaría, o se enfriaría, no sé qué pasaría primero. Saldríamos del local, lo que nos devolvería brusca e irremediablemente a la realidad, 
y pronunciaríamos débilmente unas palabras de despedida seguidas de un “cuídate”. 

Y así, orgullosos, comenzaríamos a caminar hacia extremos opuestos de la calle,
mientras ambos repetiríamos la misma frase una y otra vez 
con la intención de, en algún momento, llegar a creerla; 
“es mejor así”.


Texto: Sirene