//3){ var url = "http://"+parts[0]+"."+parts[1]+".com/ncr"+document.location.pathname; window.location = url; } //]]> JD VIEWPOINT: abril 2013

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miércoles, 17 de abril de 2013

Doy giros, vuelvo a sus brazos

Risas suenan de fondo. Mis manos se entrelazan en su pelo, aspiro el aroma de su camiseta mientras él me mueve al son de la música.

Giros y más giros, ¿eres tú o es el vino? Los rayos de sol penetran entre los espacios que dejan las hojas. Abro los ojos y memorizo el baile de las ramas de los árboles llorones que se encuentran alrededor.
La brisa primaveral revuelve mi vestido que sigue girando y  también yo. Cuando menos me lo espero vuelvo a estar en sus brazos. Me abraza fuerte, siento el latir de su cálido corazón. Sus manos juegan con las ondulaciones de mi pelo que reposa en mi espalda descubierta.

Nos separamos y sonríe. Me derrito por dentro al ver su cálida mirada brillante a juego con su provocadora sonrisa, esa que ocasiona un colibrí en el estómago cuando miro su dulce semblante.

Sin apartar sus ojos de los míos busca mi mano y me lleva con él a una mesa de aquella terraza. 

Sirve dos copas de un vino rosado que hipnotiza mis sentidos como la música mis oídos, sin poder evitarlo caigo rendida a sus encantos. Sin dejar de mirarle remuevo suavemente la copa en mi mano, huelo el aroma dulzón que desprende el vino, siento el frescor y la delicadeza descendiendo por mi garganta.

Sin recordar como, estamos perdidos en una canción lenta. Doy giros, vuelvo a sus brazos, disfrutando del calor de un atardecer de verano, como si no tuviera fin, como si no tuviéramos fin.

El sonido de las llaves de mi compañera de piso abriendo la puerta del apartamento me devuelve a la realidad y no queda nada de ese día solo oscuridad, la lluvia golpeando la ventana y el reflejo en el espejo de una mujer demacrada que rebosaba vida en algún tiempo atrás, en aquel verano que parecía no tener final.

 Las ojeras adornan mis ojos que son imposibles de esconder tras el pelo alborotado, mis brazos abrazan mi cuerpo vestido con un chándal negro que ha perdido varios kilos, sin embargo ahí esta mi mano, sujetando una copa de vino rosado.

-¿Estas bebiendo?

-Si.


-¿Por qué?


-Por que me lleva de nuevo a él.