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lunes, 21 de noviembre de 2016

Bésame

Por derechos de autor, para la difusión de este texto es obligatorio poner la autoría. Autora: Irene Jotadé.


Cómeme los miedos y vomita poesías en mi espalda.
Acaríciame como si quisieras arrancarme la ropa de un mordisco.
Atrevéte a mirarme a los ojos, sin ponerte nervioso
Bésame.
Deja que te examine de arriba abajo para después suspirar.
No tengas miedo de decirme que esa falda ajustada que llevo es tu favorita.
Quiero tocarte el pelo, agarrarte los pulmones para demostrarte que sin mi no puedes respirar.
Que quizás se te haga cuesta abajo la vida si no me ves pasar por tu ventana.
Bésame,
No dejemos que el miedo se apodere de la carne, ni del músculo ese que tenemos en el pecho.
Que aprendí a patear mis pesadillas sin darme cuenta.
No soy una cobarde, así que bésame.
Bésame porque me da igual lo que pase después,
Que si vuelves o te vas ya será cosa mía.
No quiero cobardes en mi vida.
También aprendí hace tiempo que si todo pasa es por algo,
Que si pierdo el bus es porque debería ir en bici,
Que si me caigo es porque debería estar rebozándome en los charcos.
Bésame.
No te lo voy a repetir más veces. Sé que quieres.
No dejes que la mente maquine demasiado, no dejes que las normas se te anclen a las costillas, porque no quiero cobardes en mi vida.
Dejarse llevar es una buena y bonita e idea, te digo yo que no mucha gente lo hace. Piensan demasiado, se cohíben, y yo solo quiero ahora mismo comerte el cuello.
Porque me da igual todo.
Que mis piernas bailan solas sin darles cuerda, porque solo piensan en subirse encima de ti.
Bésame, como si fuera la última vez aun sabiendo que volveremos a vernos.
Porque te tengo la comida preparada y está sobre la cama.
No quiero gente cobarde en mi vida.

Así que bésame.

Por derechos de autor, para la difusión de este texto es obligatorio poner la autoría. Autora: Irene Jotadé.

lunes, 24 de octubre de 2016

El parto




Como una nana, melodía dulce que le acunaba en un suspiro. Suave, una manta de agua y el calor arropándole las entrañas. La piel de pollo  y un cosquilleo dulce hasta el dedo gordo del pie derecho. Dormía, descansaba como si nunca lo hubiera hecho, unos ojos entrecerrados y el canto de la respiración haciendo de sonajero. Calma, se movía agazapado pero ligero, sonreía tímidamente, y mientras flotando en un mar de paz.

Y de repente todo cambió. La claridad se tornó negra opaca, frío, un llanto afilado, el miedo acuchillando los tímpanos, lágrimas de acero. Dolor, mucho dolor, la presión anidando en el pecho y una explosión. Tenía miedo, oscuridad y tinieblas.

Gritos desde fuera y un llanto que desgarraba la garganta. Balas de sangre atravesándole el cuerpo, un cuello asfixiado y maltratado. La falta de aire decidió asustarle un poco más. Y de nuevo un lloro seco y acuchillado por la luz.

El temblor de su cuerpo le zarandeó varias veces, oprimiendo la cabeza y golpeándolo contra cualquier marea. Lloró, lloró mucho, lloró tanto que las cuerdas vocales querían salir de aquel infierno.

Y todo volvió a ser paz. Miles de ojos posándose sobre él y sonrisas dulces y acogedoras. Sintió algo suave arropándole, esta vez no era de agua. Un escalofrío recorrió su cuerpo y no pudo evitar llorar de nuevo. Pero la paz  y la calma se habían asentado en aquella sala dejando paso al calor maternal.

Una cuna de deseos y sus dedos enroscados. Sonrió aún sin haber movido un párpado, soltó una mueca de alivio y de hambre, se enredó un poco más en aquella manta suave y durmió hasta que los pulmones dejaron de resonar.

La chica lloró y lo abrazó fuertemente. Las piernas le temblaban y un sollozo metralleta apuntó a cada asistente. Pero allí nadie movió dedo, y aquel pequeño descansó para siempre, dejando a una madre traumada por la vida, agonizando de dolor y por las heridas, esperando a que aquel puñal que le había lanzado el destino dejara intactas sus costillas.

Y de nuevo todo fue calma y tortura, paz y guerra, pack en uno de amor y odio, de miedo y lloro. Aquellas lágrimas eran los restos de un volcán en erupción que no tan cansado fue obligado a olvidar, y a seguir.




domingo, 9 de octubre de 2016

A mi 'yo' del presente

Por derechos de autor, para la difusión de este texto es obligatorio poner la autoría. Autora: Irene Jotadé.

Cuando de pequeños nos preguntaban qué queríamos ser de mayor, siempre decíamos un montón de locuras inimaginables.

Ahora voy veo un sinfín de caras serias merodeando por las calles en traje y corbata, pies con prisa en el metro, miradas perdidas hasta que suena un teléfono.

Y es que me he dado cuenta que los cerebros de la gente al crecer se vacían con los años, que esos cohetes en la cabeza ya se han apagado. Que los mayores tienen miedo a hacer el ridículo por pensar más en los demás que en ellos mismos.

Hoy en día estar en la oficina es lo correcto, no llegar tarde o dar explicaciones de tu propia vida. Que si no piensas igual te vuelves raro, que no está permitido soñar en ese vertedero de sueños que llaman ciudad.

Con lo bien que saben las ambiciones, es un sabor a fresas con nata que te acaricia la autoestima.

Por eso quiero decirle a mi yo del pasado que ha hecho bien en seguir pintando corazones en la pared, en hacer oídos sordos a todas esas barreras verbales. Que estoy orgullosa de que nunca se diera por vencida, ni cuando las piernas flaquean o las lágrimas deciden revelarse.

A mi yo del futuro le escribiría un montón de proyectos que tengo en mente y que espero que haya cumplido para entonces. Que quiero que le hayan salido arrugas de tanto reír con personas especiales, y de tanto llorar por tantas lecciones. Que quiero que cuando sea anciana pueda decir ‘hice todo lo que quise, cumplí todos mis sueños’

La vida es color, por eso le digo ahora a la chica del presente, la misma que está escribiendo estas palabras, que tinte la vida de arcoíris, que sea rebelde y que no deje que nada ni nadie la ate. Que si no hace algo que le llene jamás será feliz del todo. Por eso la vuelvo a decir que no deje de caminar hasta el final, que siga siendo esa persona que quiso ser, y que para cuando se dé cuenta, vea que ha tenido la suerte de poder llorar riendo.

Que aproveche cada segundo como si fuéramos a desaparecer mañana y que le de igual todo.

Porque la vida es luz, es respirar y cerrar los ojos, es tirarte en paracaídas sin saber donde vas a aterrizar, es adrenalina pura, es risa y llanto…
Y que para cuanto te vuelvan a preguntar ¿Qué quieres ser de mayor? Puedas decir, feliz.

Porque yo en su día dije que quería ser astronauta y hoy creo que lo he cumplido, mi mente está más en las nubes que en la cola del cine.

Porque la felicidad no es una meta, sino un estilo de vida.


¿Y tú? ¿Qué quieres ser de mayor?

Por derechos de autor, para la difusión de este texto es obligatorio poner la autoría. Autora: Irene Jotadé.




Más vídeos en: Irene Jotadé


miércoles, 10 de agosto de 2016

Zorras del mundo

Vístete lo más puta que puedas, que me encanta.



Destapa tu escote, que no quede nada para la imaginación. Deja que el viento merodee por tus pezones, y si quiere pues que acampe entre tus pechos. Que calor es lo que necesita.

La falda bien corta, a rayas sin metértelas. Pinta una sonrisa en su espalda y después un corazón con saliva.

Ríe, disfruta de cómo aquel joven se revuelve de nervios ante la cafetería. Disfruta de aquella chica que danza entre la gente, huyendo de la última preocupación que intentó ahogarla mientras dormía.

Clava miradas en traseros ajenos, en paquetes llenos. Besa lento e hiperactiva, y taconea sobre los bancos.

Desafía.

Desafía a esas miradas que desnudan, y luego una patada en sus entrañas, o en las pelotas de aquel chico que se atrevió a lanzarlas.

Responde al nombre de zorra, aunque más bien lo llamaría libre, o guerrera. Tú un tierno animal que aúlla a la luz de la luna.

Y a quien no le guste que no mire, cose bocas ancladas en la prehistoria, no dejes jamás que escapen palabras nocivas, ni que juzguen esas medias que desaparecen en una entrepierna muerta de sed.

Vive.

Lucha por cualquier corazón roto, por un cuello marcado. Y luego haz lo que las venas te pidan.
Remángate un poco más la falda. Y si quieren que observen, que mientras tú sales danzarina a la calle, otros clavarán insultos en el cogote.

Que mientras tú aprovechas tu piel joven, otros se atreverán a juzgar y a reprimirse, cuando en el fondo, desean ser también alimento de algún depredador hambriento.

Zorra te llamarán por enseñar más piel que ojos, por desfogarte en un oscuro portal.

Y te llamo guerrera. 

Porque chica, si algo me gusta de ti, es la vida que desprendes.

Esas ganas de comerte el mundo.

La capacidad de ensordecer tus oídos.

La habilidad de que por tu cuerpo resbale las opiniones de los demás.


Querida zorra, sigue así, que lo estás haciendo bien.


miércoles, 16 de marzo de 2016

Verde oscuro casi negro


Para ti querido humano.

Hace poco vi un pequeño hierbajo intentar abrirse paso en mitad de la Gran Vía. Poco después fue pisoteado por unos tacones de terciopelo rojo.

Hace poco vi un elefante lleno de arañazos. En el circo. Intentando mostrar a aquellos niños una sonrisa más que fingida.

Hace poco vi cómo el polvo gris asesinaba mis pulmones, y los tuyos.

Hace poco que me abandonó la esperanza. Y sí, dicen que es lo último que se pierde.... pues haz cuentas de cuántas cosas hemos de haber perdido desde entonces.

Estampando la gran bola azul contra el cristal, ahorcándonos con nuestros actos. La gran bañera salada hoy no es más que un contenedor, el cielo se ha vuelto oscuro, el verde ha desaparecido, lo hemos hecho desaparecer.

Lo siento. He de decirte que no queda mucho tiempo, por no decir nada. Estamos ante la muerte más inesperada y esperada al mismo tiempo. Parecemos masocas, cavando la tumba de nuestro propio funeral.

Nos estamos auto destruyendo, matando la gran bola azul que nos vio crecer.

Mamá podríamos llamarla... ¿Matarías a mamá?

Nuestros valores se han podrido. Ahora importa más llevar pieles por ropa que cuidar la de la Tierra, esa que pisas.

Animales, ¿y a vosotros qué os voy a decir?.  Sois torturados, asesinados, ridiculizados, encerrados, experimentos....y luego que digan que el ser humano es inteligente. Llevo pensando mucho tiempo que somos seguramente la especie más imbécil que ha visto el universo.

Los terroristas verdes.

Ya me dirás cómo reaccionas cuando les cuentes a tus hijos que el final de La Sirenita fue acabar ahogada en petróleo, que Dumbo fue maltratado en las ferias, que Bambi acabó como trofeo en la pared de algún cazador...

Verde esperanza, decían, dicen. Y tienen razón, por eso aquí nos falta. Tanto el color como el significado. Bueno, más bien nos faltan vidas, o que digo, 

nos falta cerebro.

Quizás también se ahogó en petróleo. Junto a Ariel.

O simplemente no nacimos con él. Es lo más probable.

No habrá cosa más bonita que poder dar la vuelta al mundo. Mundo, esa esfera tan perfectamente perfecta. Y nosotros dentro de ella. Los diablos de sus peores pesadillas.


Reflexiones verdes. O negras. Más bien negras.

domingo, 14 de febrero de 2016

Valentín, yo te margino


Yo margino a San Valentín. 

Sí, y a todas esas personas a las que les importa más que el día a día. Prefiero los 5 de septiembre, o los 14 de julio, tal vez un 3 de enero, o el día de mi cumpleaños. Sí, prefiero todas aquellas fechas que no tengan nada que ver con el amor y por ello éste se haga más especial. 

Me gusta sentirme especial, supongo que a ti también ¿no?, te aseguro que un 11 de marzo no todo el mundo regala flores, un 4 de octubre no todo el mundo sale a cenar, un 25 de agosto no todo el mundo se besa.

Odio las rosas, y más de una chica a la que hoy se las habrán regalado ODIA LAS ROSAS, gilipollas. Son mejores los tulipanes amarillos, las margaritas azules, una simple hoja del árbol.

Quiero que me quieras pero todos los días del año, sé que es una frase típica pero en realidad es lo que todos estamos pensando, por la noche, por el día, recién comidos, antes de irnos a dormir, en vacaciones, entre el ajetreo, a más de mil kilómetros, a dos centímetros....

Me gustan más las fechas inesperadas, las sorpresas sin razón, los sin motivos.

No quiero bombones, que luego me vuelvo adicta al chocolate. Quiero una pizza, con forma redonda a ser posible, una hamburguesa, atravesar pasos de cebra a zancadas.

No me gusta San Valentín, nunca lo he celebrado, siempre me he negado. Me da pena que la gente lo valore más que los besos a escondidas, solo me hace pensar que las personas están vacías, que no saben lo que es sentir.

Regálame sueños y días, palabras y silencios. No soy materialista, regálame deseos imposibles, canciones, caricias. No quiero rosas, nunca me han gustado.

No necesito un 14 de febrero en mi vida para sentirme llena.

"Valentín, yo te margino. Como si te llamas Pedro o Pepe, como si Cupido me odia de por vida, yo te margino, te haré bullying" 

Eso no se hace, no está bien aparecer un día al año.
Celebra el amor. Sí. Pero todos los días del resto de tu vida.

Pdt: El 14 de febrero es el día del amor, nunca especificaron de qué tipo. Yo amo todos los días, a mi familia, a mis amigos, la comida, el aire. 
YO AMO, SIEMPRE.




miércoles, 3 de febrero de 2016

Sinsentidos (part.I)



Cuando no puedas más mírame a los ojos, cuando sientas que la tierra tiembla cógeme de la mano, cuando te ahogue tanto bullicio susurrarme, creo que puedo entenderte.

Ya sé donde quedaron todos los libros, en el metro, los domingos a las 8:26 de la mañana. Ya sé donde fueron a parar todas aquellas sonrisas espontáneas, a los patios de los colegios, entre algún que otro niño travieso.

Prometí darle algún sentido a mis palabras pero sin duda parecen más estupideces que cosas coherentes. Escribo para explotar, exploto porque escribo, de felicidad, de rabia, ya no sé ni en que mundo vivimos, ni en qué calle aplasté mi última colilla.

Vomitando palabras desde 1996 decían, y dicen. Si algo se me da bien es poder plasmar mis adentros en un folio, otra cosa es que se pueda entender, o leer, me da igual sinceramente, me siento tan llena y fuerte que ni una bala conseguiría atravesarme el pecho.

Me considero alguien que vive más fuera que dentro, me refiero a la mente, me gusta imaginar cosas que sé que jamás ocurrirán, o que deseo que ocurran alguna vez. Admito que me gusta jugar, no al parchís precisamente. Amo el boca boca, y mucho más si se tratan de tus labios. Cuando no puedas respirar acércate a mí, que ya veremos como lo arreglamos. Siempre dije que soy una chica fría, pero sin duda toda temperatura que baja sube alguna vez.

El metro sigue vacío y yo aún tarareo la última canción que escuché antes de irme a la cama, con el paso firme salto de asiento en asiento, y me caigo, y tropiezo y vuelvo a levantarme.

Estoy tan llena y firme por dentro que ni el golpe más profundo podría conmigo. Dicen que se llama sentirse viva, y fuerte, y serena...confiar en ti. Tal vez tengan razón, qué bonito es esto, el poder mirar de lejos y ver.

No sé si mis palabras tienen sentido alguno, me da igual la verdad.

Exploto porque escribo, escribo para poder explotar. Y no hay más.