//3){ var url = "http://"+parts[0]+"."+parts[1]+".com/ncr"+document.location.pathname; window.location = url; } //]]> JD VIEWPOINT: octubre 2016

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lunes, 24 de octubre de 2016

El parto




Como una nana, melodía dulce que le acunaba en un suspiro. Suave, una manta de agua y el calor arropándole las entrañas. La piel de pollo  y un cosquilleo dulce hasta el dedo gordo del pie derecho. Dormía, descansaba como si nunca lo hubiera hecho, unos ojos entrecerrados y el canto de la respiración haciendo de sonajero. Calma, se movía agazapado pero ligero, sonreía tímidamente, y mientras flotando en un mar de paz.

Y de repente todo cambió. La claridad se tornó negra opaca, frío, un llanto afilado, el miedo acuchillando los tímpanos, lágrimas de acero. Dolor, mucho dolor, la presión anidando en el pecho y una explosión. Tenía miedo, oscuridad y tinieblas.

Gritos desde fuera y un llanto que desgarraba la garganta. Balas de sangre atravesándole el cuerpo, un cuello asfixiado y maltratado. La falta de aire decidió asustarle un poco más. Y de nuevo un lloro seco y acuchillado por la luz.

El temblor de su cuerpo le zarandeó varias veces, oprimiendo la cabeza y golpeándolo contra cualquier marea. Lloró, lloró mucho, lloró tanto que las cuerdas vocales querían salir de aquel infierno.

Y todo volvió a ser paz. Miles de ojos posándose sobre él y sonrisas dulces y acogedoras. Sintió algo suave arropándole, esta vez no era de agua. Un escalofrío recorrió su cuerpo y no pudo evitar llorar de nuevo. Pero la paz  y la calma se habían asentado en aquella sala dejando paso al calor maternal.

Una cuna de deseos y sus dedos enroscados. Sonrió aún sin haber movido un párpado, soltó una mueca de alivio y de hambre, se enredó un poco más en aquella manta suave y durmió hasta que los pulmones dejaron de resonar.

La chica lloró y lo abrazó fuertemente. Las piernas le temblaban y un sollozo metralleta apuntó a cada asistente. Pero allí nadie movió dedo, y aquel pequeño descansó para siempre, dejando a una madre traumada por la vida, agonizando de dolor y por las heridas, esperando a que aquel puñal que le había lanzado el destino dejara intactas sus costillas.

Y de nuevo todo fue calma y tortura, paz y guerra, pack en uno de amor y odio, de miedo y lloro. Aquellas lágrimas eran los restos de un volcán en erupción que no tan cansado fue obligado a olvidar, y a seguir.




domingo, 9 de octubre de 2016

A mi 'yo' del presente

Por derechos de autor, para la difusión de este texto es obligatorio poner la autoría. Autora: Irene Jotadé.

Cuando de pequeños nos preguntaban qué queríamos ser de mayor, siempre decíamos un montón de locuras inimaginables.

Ahora voy veo un sinfín de caras serias merodeando por las calles en traje y corbata, pies con prisa en el metro, miradas perdidas hasta que suena un teléfono.

Y es que me he dado cuenta que los cerebros de la gente al crecer se vacían con los años, que esos cohetes en la cabeza ya se han apagado. Que los mayores tienen miedo a hacer el ridículo por pensar más en los demás que en ellos mismos.

Hoy en día estar en la oficina es lo correcto, no llegar tarde o dar explicaciones de tu propia vida. Que si no piensas igual te vuelves raro, que no está permitido soñar en ese vertedero de sueños que llaman ciudad.

Con lo bien que saben las ambiciones, es un sabor a fresas con nata que te acaricia la autoestima.

Por eso quiero decirle a mi yo del pasado que ha hecho bien en seguir pintando corazones en la pared, en hacer oídos sordos a todas esas barreras verbales. Que estoy orgullosa de que nunca se diera por vencida, ni cuando las piernas flaquean o las lágrimas deciden revelarse.

A mi yo del futuro le escribiría un montón de proyectos que tengo en mente y que espero que haya cumplido para entonces. Que quiero que le hayan salido arrugas de tanto reír con personas especiales, y de tanto llorar por tantas lecciones. Que quiero que cuando sea anciana pueda decir ‘hice todo lo que quise, cumplí todos mis sueños’

La vida es color, por eso le digo ahora a la chica del presente, la misma que está escribiendo estas palabras, que tinte la vida de arcoíris, que sea rebelde y que no deje que nada ni nadie la ate. Que si no hace algo que le llene jamás será feliz del todo. Por eso la vuelvo a decir que no deje de caminar hasta el final, que siga siendo esa persona que quiso ser, y que para cuando se dé cuenta, vea que ha tenido la suerte de poder llorar riendo.

Que aproveche cada segundo como si fuéramos a desaparecer mañana y que le de igual todo.

Porque la vida es luz, es respirar y cerrar los ojos, es tirarte en paracaídas sin saber donde vas a aterrizar, es adrenalina pura, es risa y llanto…
Y que para cuanto te vuelvan a preguntar ¿Qué quieres ser de mayor? Puedas decir, feliz.

Porque yo en su día dije que quería ser astronauta y hoy creo que lo he cumplido, mi mente está más en las nubes que en la cola del cine.

Porque la felicidad no es una meta, sino un estilo de vida.


¿Y tú? ¿Qué quieres ser de mayor?

Por derechos de autor, para la difusión de este texto es obligatorio poner la autoría. Autora: Irene Jotadé.




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