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jueves, 15 de junio de 2017

Seduciendo al miedo

Por derechos de autor, para la difusión de este texto es obligatorio poner la autoría. Autora: Irene Jotadé.

El otro día iba por la calle y vi a un niño pequeño llorar porque le asustaba el ruido de los coches. En ese mismo instante me puse a pensar en todos aquellos miedos que usaron mi mente como peaje y otros tantos que aún siguen atascados en la cabeza.

-El miedo es como la familia, que todo el mundo tiene una.

Con los años te vas dando cuenta que los monstruos tras el armario son solo un reflejo de lo que encontraremos en el mundo, que el verdadero miedo viene de dentro, no de fuera, es algo que te ahorca silencioso, que no te deja dormir, un parásito con el que convives a diario.

Por eso decidí seducir al miedo, y conquistarlo, así, como lo oyes, seguramente que después de esto tu también quieras vestirte bien para recibirle.

Tiene ojos como los tuyos y puede caminar, se alimenta de cada lágrima que sueltas, de ese latir de un corazón acelerado, de la vergüenza, del dolor de estómago. Vive bajo tu almohada y no deja que te tires en paracaídas, tampoco quiere que luches por tus sueños ni que te subas en un escenario.

Se despierta en mitad de la noche para asfixiarte a pesadillas. Fue entonces que le clavé el tacón en la mejilla, sangró un poquito, se me hizo un nudo en la garganta pero fue como quitarse un gordo peso de tu vida.

¿Qué por qué cuento esto como si fuera un cuento? Porque es la historia de cada una de las millones de personas que viven en esta esfera. La gente no vive sin cadenas, vive maniatada a algo que se alimenta de ella.

En el mismo momento que decidas gritarle al sol que nadie va a poder contigo, será el instante* en el que empezarás a vivir historias de verdad, y no telenovelas que nublan la vista. El día que te quieras camelarás al miedo, le tendrás tan enamorado y débil que solo tendrás que darle la patadita y el portazo definitivo.

Alguien me dijo una vez que todo aquello que siempre has querido está detrás del miedo. Así que te invito a que cruces el armario, el puente, que me des la mano y que grites que, aunque seguramente sigas teniendo miedo, éste no va a poder contigo.

Porque no quiero a gente que cuente historias, quiero a gente que las viva.

No es valiente aquel que no tiene miedos sino aquel que sabe conquistarlos.

Por derechos de autor, para la difusión de este texto es obligatorio poner la autoría. Autora: Irene Jotadé.


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